El Silencio en la Música. Beethoven

enero 22, 2012 en 3:09 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Introducción

Nos vamos a adentrar en el análisis de lo que denominamos Silencio, en el campo de la música, y más concretamente en la utilización del Silencio en la obra de uno de los compositores más grandes de la historia: Ludwig Van Beethoven.

El zumbido de mis oídos continúa noche y día, sin cesar. Puedo decir, en verdad, que es una miserable vida la mía. Durante los últimos dos años he evitado toda sociedad, porque me resulta imposible decirle a la gente “Estoy sordo”. Si mi profesión fuera otra, no importaría mucho, pero en mi profesión es una cosa terrible; ¿y mis enemigos, que no son pocos, qué dirían de todo esto?
(L. V. Beethoven. 1800)

Etimología

La palabra Silencio viene del latín silere que significa callar, estar callado.

Actualización del término

Si entendemos el silencio como la ausencia de sonido, tendríamos que determinar que el silencio como tal no existe, pues siempre escucharemos algo, producto de estar situados en un mundo absolutamente sonoro.

Cuando el compositor americano John Cage quiso probar la sensación del silencio absoluto, se introdujo en una cámara anecoica que se encontraba en la Universidad de Harvard, un espacio totalmente aislado y sin ninguna reverberación que se utiliza para hacer experimentos y mediciones acústicas. Observó que escuchaba un pitido agudo y un zumbido grave. Luego le explicaron que el primero era su tensión nerviosa y el segundo la circulación sanguínea. Descubrió que el silencio no existe, pues nosotros mismos producimos sonidos mientras estamos vivos.

Podríamos determinar bajo esta experiencia que, para el ser humano, el sonido es vida. En palabras de Amadeo Guillemin: “La carencia de todo sonido, de todo ruido, en una palabra, el silencio absoluto es para nosotros sinónimo de inmovilidad y de muerte”. Lo cual explica el desasosiego que produce la carencia de escucha correcta para los hipoacúsicos, a nivel psicológico.

La sordera de Beethoven

Aunque murió por una cirrosis hepática provocada por su gran afición al alcohol, la enfermedad que más influyó en su vida y su obra fue, sin duda, su sordera. Desde el punto de vista psicológico, fue determinante para él, colaborando a su frustración, a su infelicidad y a su paranoia.

En 1801 escribe una carta a su amigo Franz Gerhard Wegeler acerca de su sordera:

“…debo colocarme muy cerca de la orquesta para entender lo que el autor dice… no oigo los sonidos agudos de los instrumentos y de las voces, si estoy algo alejado… apenas oigo a quien habla bajo, oigo sonidos pero no entiendo palabras: en cambio, si alguien me grita, no soporto el ruido”

Su sordera comenzó en el oído izquierdo y, poco después, le afectó también al derecho. Empeoró progresivamente y se acompañó de acúfenos o ruidos de oído. Todo empezó con 28 años; a los treinta y nueve, el acúfeno era insoportable y le hizo pensar en el suicidio.

Hacia el año 1800 su sordera era ya importante y en 1815, era sordo profundo. Dos años más tarde, el acúfeno casi le desapareció al quedarse totalmente sordo.

El gran violinista Louis Spohr escribió acerca de él:

“…El piano estaba desafinado, aunque esto no molestaba a Beethoven, ya que no podía oírlo. De su brillante técnica había quedado poco o nada. En los pasajes fuertes, el pobre sordo martilleaba las teclas mezclando grupos enteros de notas. Si no seguía la partitura, perdía todo el sentido de la melodía…”

La causa de su sordera, sin embargo, no ha quedado aclarada por la ciencia médica.

En cualquier caso, lo que parece estar claro es que se trataba de una hipoacusia neurosensorial de origen indeterminado, aunque con algunos factores conocidos que pudieron, si no provocar, por lo menos colaborar en su sordera.

Sin duda, dejando a un lado todas estas especulaciones, se puede decir que Beethoven fue –en aquellos tiempos- el sordo más ilustre del mundo de la música, y muchos todavía hoy se preguntan como pudo llegar a componer algunas de sus sinfonías, con una sordera tan avanzada:

  • 1796 – Primeros síntomas de sordera
  • 1802 – Termina la composición de su segunda sinfonía
  • 1803 – Comienza a componer la tercera sinfonía Eroica
  • 1804 – Finaliza su tercera sinfonía Eroica
  • 1807 – Estrena la cuarta sinfonía y compone la quinta
  • 1808 – Compone la sexta sinfonía La Pastoral
  • 1811 – Comienza a componer la séptima sinfonía
  • 1812 – Compone sus sinfonías séptima y octava
  • 1813 – Estrena su octava sinfonía
  • 1816 – Beethoven está completamente sordo
  • 1819 – Comienza a trabajar en la novena sinfonía
  • 1822 – Trabaja en la novena sinfonía y comienza a tomar a puntes para una décima sinfonía.
  • 1824 – Termina de componer la novena sinfonía

Tipos de silencio

Según Víctor Pliego de Andrés (profesor de la Universidad de Alcalá de Henares):

…en términos generales, podemos reconocer en la música tres tipos de silencio: previo, intermedio o final. El silencio previo es un silencio de expectación y tensión ante el comienzo de la música. El silencio intermedio puede ser estructural o expresivo. El silencio estructural aparece entre distintas secciones o movimientos y produce relajación. El silencio expresivo es más inesperado y produce tensión. Por último está el silencio final, que deja espacio para la resonancia de la música en el recuerdo de la memoria.

Entendiendo que el silencio es una carencia de intencionalidad sonora y no, por lo tanto, una ausencia de sonido; analizaremos la relación de ese silencio o carencia de intención sonora con el sonido o intencionalidad sonora, que lo antecede o precede. Dicha relación es la que nos crea una impresión del todo, que nosotros transformamos en emoción, en carácter o en un estado de tensión o relajación.

Apoyándonos en la primera división de los tipos de silencio que denomina Víctor Pliego: previo-intermedio-final, en base a su situación en torno a la composición musical, queremos agregar una nueva subdivisión en base a la relación que mantiene ese silencio con la intencionalidad sonora que le antecede o precede. De esta manera hemos denominado los siguientes subtipos de silencio:

Silencio de presentación: llamaremos silencio de presentación al que se utiliza en medio de dos intenciones sonoras enérgicas, con el fin de captar rápidamente la atención del oyente en el inicio de la obra.

Silencio de tensión: es el silencio que se encuentra en un lugar espacio-tiempo de la composición, de corta duración en relación al diseño sonoro que continúa (melodía o diseño rítmico-melódico), en parte o fracción fuerte, lo cual provoca que el sonido comience en parte o fracción débil –a contratiempo-.

Silencio de preparación: es el silencio que antecede al sonido construido como si fuese una continuación del propio silencio, comenzando este sonido en una dinámica muy próxima al silencio.

Silencio de expectación: es el silencio que se encuentra previo a un sonido contundente, que crea la tensión necesaria previa a la presentación sonora.

Silencio de lamento: es el silencio que deja respirar las frases musicales, a modo de suspiros o lamentos, con la intención de enfatizar el estado de melancolía.

Silencio transcendente: es el silencio que deja el creador al finalizar su composición de una manera enérgica, y que queda en nuestra conciencia mucho tiempo después de finalizar la intencionalidad sonora.

Silencio de continuación: es el silencio que genera la propia desconstrucción sonora, apoyada por una pérdida progresiva del sonido, mezclándose la sensación sonora con el silencio.

Ejemplos en la obra de Beethoven

Silencio de presentación: llamaremos silencio de presentación al que se utiliza en medio de dos intenciones sonoras enérgicas, con el fin de captar rápidamente la atención del oyente en el inicio de la obra.

Comienzo de la Overture Las Criaturas de Prometeo: “Adagio”


Silencio de tensión: es el silencio que se encuentra en un lugar espacio-tiempo de la composición, de corta duración en relación al diseño sonoro que continúa (melodía o diseño rítmico-melódico), en parte o fracción fuerte, lo cual provoca que el sonido comience en parte o fracción débil –a contratiempo-. Es un silencio que posee casi más energía que la propia intencionalidad sonora.

Comienzo del primer movimiento de la Quinta Sinfonía: “Allegro con brio”


Silencio de anticipación: es el silencio que antecede al sonido construido como si fuese una continuación del propio silencio, comenzando este sonido en una dinámica muy próxima al silencio.

Comienzo del primer movimiento de la Novena Sinfonía: “Allegro ma non troppo, ma un poco maestoso”


Silencio de expectación: es el silencio que se encuentra previo a un sonido contundente, que crea la tensión necesaria previa a la presentación sonora. Es un silencio que tiene tanta energía como la propia intencionalidad sonora.

Comienzo del primer movimiento de la Tercera Sinfonía: “Allegro con brio”


Silencio de lamento: es el silencio que deja respirar las frases musicales, a modo de suspiros o lamentos, con la intención de enfatizar el estado de melancolía. Normalmente se utiliza en tiempos lentos y como en el caso de la séptima sinfonía de Beethoven, para respirar antes de volver a repetir la misma frase, el mismo mensaje quejumbroso.

Comienzo del segundo movimiento de la Séptima Sinfonía: “Allegro con brio”

Descargar partitura

Silencio transcendente: es el silencio que deja el compositor al finalizar su creación de una manera enérgica, y que queda en nuestra conciencia mucho tiempo después de finalizar la intencionalidad sonora

Final del último movimiento de la Novena Sinfonía: “O Freuden, nicht diese Töne” Allegro assai

Descargar partitura

Silencio de continuación: es el silencio que genera la propia desconstrucción sonora, apoyada por una pérdida progresiva del sonido, mezclándose la sensación sonora con el silencio.

Final del primer movimiento de la Sexta Sinfonía La Pastoral: “Allegro ma non troppo”


Conclusión

Hablar del silencio en la música es como hablar del espacio en la materia, no existiría la segunda sin lo primero. Pero normalmente cuando se diserta sobre la retórica de una música de un compositor específico, se trata desde el fenómeno sonoro y se descuida o se obvia el silencio que permite que se materialice ese organismo. No solo eso, sino que no se trata al silencio con personalidad propia, y más bien como una consecuencia de la ausencia del sonido o de la intención sonora. He querido ver parte de la obra de Beethoven desde algo que el mismo genio conocía amargamente, un silencio que es causa del fenómeno sonoro. Un silencio que presenta al hombre, pero también que desvela su psique, sus angustias, sus temores, y como no, un silencio que es brutalmente hiriente e irascible. Un silencio que habla por si solo: el Silencio de Beethoven.

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